El Patio
«Hay tantos patios como gente lo haya escuchado.»
La canción sin techo. Nació de golpe en un estudio de Los Ángeles y desde 2017 dejó de pertenecerle.
Leer la historia →08 En sus palabras
Contadas por él mismo en entrevistas públicas. Toca cada canción para leer su historia completa.
«Hay tantos patios como gente lo haya escuchado.»
La canción sin techo. Nació de golpe en un estudio de Los Ángeles y desde 2017 dejó de pertenecerle.
Leer la historia →«No es una queja: es un abrazo, es simplemente amor.»
La canción del migrante, escrita por un niño que creció viendo pateras llegar de Marruecos.
Leer la historia →«Me da miedo cuando las cosas van tan bien. Me asusto, como si hubiera robado esa felicidad.»
Un colibrí soñado en México, tatuado al despertar y convertido en canción el mismo día.
Leer la historia →«Te quiero matar de amor y nadie puede imaginárselo.»
Diez segundos de una mirada cruzada. Una vida entera imaginada. Y después, seguir caminando.
Leer la historia →«Mi gato es mucho mejor persona que yo.»
Un gato viejo, una madre y una reflexión sobre por qué a veces los animales son más nobles que las personas.
Leer la historia →«¿Quién me quiere conocer? Te he esperado tanto. Soy parte de la luz.»
Un viaje a la infancia para abrir la etapa más personal de su carrera. El niño de Fuengirola, ahora en órbita: gira por toda España y disco nuevo en camino, con «Esdrújula» celebrando el amor, el verano y la libertad.
Leer la historia →«Hay tantos patios como gente lo haya escuchado.»
Pablo estaba en Los Ángeles, en un descanso de la grabación de su tercer disco, cuando entró en los míticos East West Studios. No tenía pensado componer nada, pero —como cuenta él— «le golpeó un fantasma que andaba por allí». Días antes había visto una fotografía de la OMS que se le quedó dentro. De ese cruce nació El Patio, de una sola vez.
La cantó por primera vez en directo en noviembre de 2017 y, desde ese momento, dice que la canción «fue arrebatada de sus manos»: cada persona la hace suya. Gente que lo para por la calle, en un bar o en el supermercado le ha descubierto caminos dentro de la letra que ni él sabía que había escrito.
El Patio también cambió su manera de componer: a partir de este disco dejó de usar estrofa-estribillo y empezó a nombrar las partes A, B, C, D. La canción, de hecho, empieza por el estribillo. Y ganó el premio a Mejor Canción en Los 40 Music Awards 2018 — aquel «espérate un segundo, que está mi madre» quedó para la historia.
«Olvidaron que el hombre no es más que un hombre, que tus manos son mi bandera.»
Pablo creció en la Costa del Sol «viendo pateras venir de Marruecos llenas de personas». De esa memoria nace Tu Enemigo: la canción del migrante que, como él dice, «no viene a quitarte nada; viene a vivir, a sobrevivir».
Aunque se escribió en 2015 junto a Juanes, él insiste en que nunca deja de ser actual: «siguen pasando cosas; la frontera sigue en África y pasan barbaridades que no salen en los periódicos». Pero se niega a que sea una protesta amarga: «más que una queja, es un abrazo. Es simplemente amor».
Es la canción con la que cierra muchos de sus conciertos, al piano, y una de las más coreadas a ambos lados del Atlántico.
«Las grandes aventuras de la vida son como niños en una incubadora: si no les das el oxígeno de la valentía, puede que no salgan del hospital.»
Estando en México, un colibrí se le apareció en un sueño. Se lo tatuó en el brazo y ese mismo día, «cogiendo un estudio como las estrellas», compuso Quasi. El colibrí —un animal místico que no se puede atrapar, como las canciones— se convirtió desde entonces en su símbolo.
Quasi significa «casi» en latín: la dedicó a toda la gente que, por miedo, no da el último paso ante el amor o ante la belleza. «A mí muchas veces me ha dejado congelado la belleza de la vida», confiesa.
También esconde su lado más frágil: «me da miedo cuando las cosas van tan bien; me asusto, como si hubiera robado esa felicidad». Y una curiosidad que le hace gracia: en Costa Rica la piden por la radio como «Mira cómo bailan los delfines», mezclándola con una canción antigua de Sergio Dalma. Él, encantado, la presenta así para crear más confusión.
«Te quiero matar de amor y nadie puede imaginárselo.»
Nunca la había contado hasta una entrevista reciente: un día, teniendo pareja, cruzó una mirada con una persona y se enamoró profundamente. «Nos mudamos a otra dimensión durante diez segundos y tuvimos hijos y todo. Después me fui y seguí con mi vida, y no hice nada más».
De esos diez segundos imposibles nace la canción: «no quiero correr, lo saben mis zapatos». Pablo asegura que apenas ha escrito canciones de amor convencional: le interesan «los callejones que hay por detrás», las historias que pasan por la mitad de la vida de cualquiera.
Por eso ninguna canción suya lleva nombre de mujer: las historias reales empiezan la canción, y a partir de ahí ya no son ni él ni ella.
«¿Quién me quiere conocer? Te he esperado tanto. Soy parte de la luz. Te puedo ver.»
Tras cuatro años sin disco, Pablo abrió en noviembre de 2025 su etapa más personal con El Niño del Espacio: un viaje a la infancia que conecta con todo lo que ha contado siempre — el niño de El Patio que sigue jugando solo, el «soy muy niño para tener cuarenta años», aquel chaval de los hoteles cuyo espíritu asegura conservar intacto, «con los mismos miedos y las mismas ganas de empezar cada día».
El anuncio llegó con una gira sorpresa por más de treinta ciudades españolas para 2026, de Huelva a Mérida, pensada para teatros y auditorios. Y en verano, festivales: Som Festival de Castellón, Pedralbes en Barcelona y su vuelta a casa en Marenostrum Fuengirola.
El segundo capítulo es Esdrújula: un tema fresco que celebra el amor, el verano y la libertad, manteniendo la épica de sus composiciones. La etapa culminará con la publicación del nuevo álbum. El niño, por fin, en órbita.
«Mi gato es mucho mejor persona que yo.»
La historia de «El Gato» empieza en Londres, mientras Pablo escribía un disco. Allí le vino el recuerdo de un gato que había llegado a su familia alrededor de 2001, traído a casa por una novia de aquella época. Lo que empezó siendo una mascota más terminó convirtiéndose en el compañero inseparable de su madre.
Años después, cuando el gato rondaba los dieciséis años y medio y ya mostraba los signos de la vejez, a Pablo lo atravesó la tristeza de pensar que aquella vida se acercaba a su final. Esa emoción fue el detonante de la canción.
Pero «El Gato» no habla solo de un gato. Pablo lo usa como un espejo de la condición humana: reflexiona sobre nuestra manía de juzgar los sentimientos y sobre cómo, a veces, los animales resultan más sinceros y nobles que las personas. El gato era arisco, mordía y arañaba; y aun así, su conclusión es que el problema nunca fue el animal, sino las propias debilidades humanas.
Antes de cantarla en directo, él mismo lo resume con humor y ternura: si vienen a su casa, que no le tengan miedo al gato — el que de verdad puede hacer daño, dice señalándose, es él; el gato, como mucho, te va a extrañar.
Al final, la canción termina siendo menos la historia de una mascota y más una reflexión sobre la honestidad, el afecto y la fragilidad de lo humano. El animal actúa según su naturaleza; las personas, en cambio, hieren de formas mucho más hondas.